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El 15 de mayo es una fecha  que augura muchos éxitos y bendiciones de parte de las personas que recuerdan que algún día tuvieron al frente a una persona empecinada en que se aprendieran esa fórmula de matemáticas u física y,  otro que les exigía identificar los adjetivos de los adverbios, más los que pedían insistentemente cumplir con los trabajos en casa honestamente, y además, de aquellos que sorprendían al saludar con un “quiz” en la mano, provocando una mala reacción  por parte de algunos de ellos.

Años después, y habiendo sobrevivido a esa extenuante formación primaria y secundaria, varios recuerdan dichos momentos con profundo sentimiento de gratuidad para sus maestros.

El ser docente es sin duda alguna una de las profesiones más difíciles de ejercer, porque al llegar a un salón de clases, estos deben estar preparados para afrontar los retos que allí se presentan, tales como: “el niño ansioso que no hace silencio”, “aquel que está triste”, “ese que no le gusta estudiar”, “los pequeños con problemas familiares” y demás. No así,  el educador debe preparar sus clases de tal forma que todos los ya mencionados, accedan al derecho a la educación, pero muchas veces lo hacen con las uñas, en un país que no aporta el cien por cien a la educación y la formación de sus niños y jóvenes, ni mucho menos a la formación de sus pedagogos.

Colombia tiene aproximadamente más de 136 Escuelas Normales Superiores ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional. El enfoque de estas instituciones de educación es el pedagógico, que el Gobierno reconoce asignándole ciertas tareas debido a su nivel de calidad formadora, humana e integral. Estas instituciones formadoras de docentes, estan sometidas a rigurosos criterios para permitir su funcionamiento o al menos, para mantener su programa de formación complementaria (años doce y trece), de la misma forma que otras instituciones como las universidades.

A pesar de que el Ministerio de Educación Nacional espera de las Normales algo diferente en cuanto a sus procesos académicos, éste lo que hace es exigirles hipócritamente, resultados y progresos, tales como investigación, práctica pedagógica, y demás requisitos con el fin de mantener su acreditación. Pero ¿cómo van a favorecer los procesos que piden a estos establecimientos si las tratan como una más?, ¿por qué tantas trabas con la asignación de docentes especializados en práctica pedagógica, investigación, y profesionales en la pedagogía?, ¿dónde está la intención de que para cambiar a un país se debe invertir en la educación?

Por otro lado, ¿Por qué es tan difícil que unos pedagogos formados para dictar una clase emn primaria o secundaria no consigan emplearse? Aquí la cuestión no es que dejen de exigirles, sino más bien que les den un trato diferente, tanto cuanto, les faciliten a estas formadoras de formadores, una dignificación de su papel fundamental en la sociedad, permitiendo que sus normalistas superiores accedan a licenciaturas, y demás grados académicos, entre otras cosas, reconociendo su formación transversal en vocación y valores.

Hay mucho por decir, pero, el papel es un limitante, espero que la ministra de educación y los gobiernos locales, fijen su atención en éstas escuelas normales, comprendiendo su valor fundamental en la sociedad.

Fuente: Confidencial Colombia

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