ACADEMIA Y UNIVERSIDAD. ENTRE LO PÚBLICO, LO ÍNTIMO Y LOS NEPOTISMOS

Por: Efraín Alzate Salazar

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Lo público es lo que ha de mostrarse, lo privado lo que ha de permanecer oculto. La Época Moderna, en su rebelión contra la sociedad, ha descubierto lo rica y diversa que puede ser la esfera de lo oculto bajo las condiciones de la intimidad, pero antes lo apartado no sólo era el cuerpo, sino el trabajo de los esclavos y las mujeres. La emancipación de ambos colectivos ya sólo ha dejado oculto las necesidades que lo son por pertenecer al cuerpo. (ARENDT, La Condiciòn Humana, 1993)

La pandemia trastocó muchos de nuestros proyectos de cotidianidad. La abrupta separación del escenario natural de la academia: la escuela, el colegio y la universidad nos llevó a experimentar de verdad el tipo de personas que somos. Lo íntimo y lo privado lo hemos vivido con intensidad y mayor ha sido el esfuerzo para poder sobrevivir en esta reclusión obligatoria. La esfera pública se disuadió lentamente, no solo en el tapabocas, sino también en el distanciamiento social que nos ha impuesto la vulnerabilidad de nuestras vidas al coronavirus.

El debate, la confrontación de ideas, el encuentro en el ágora, ejercicios propios del cosmos universitario pasaron a las pantallas de las computadoras con todos los efectos que ello trae. Un sentimiento de incertidumbre recorre nuestras vidas, al estar a la espera desde el encierro de fatídicas noticias.

En esta oportunidad, desde lecturas hechas en este aislamiento y a partir de mi experiencia en la educación superior, plantearé unas inquietudes frente a los riesgos del mundo académico, cuando instituciones, programas y cargos de representación son regentados por personas que ponen por encima del conocimiento, sus inclinaciones íntimas y nepotismos

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En este sentido, en los últimos años, he venido notando el marchitamiento de los debates académicos e intelectuales, por la imposición de nepotismos incluidos los socio-eróticos de todas las inclinaciones en los espacios de poder y representación en la vida universitaria. Decanaturas, departamentos, rectorías, docentes ya no pasan el rasero de hojas de vida, mérito y dignidad, sino por el control que ejercen los jefes desde sus inclinaciones íntimas.

Pero no solo las simpatías socio-eróticas se han tomado por asalto el campus universitario, también están los nepotismos políticos, de castas, de familias etc. Haciendo de la Universidad su propio fin. Varias universidades del país que están siendo investigadas por manejos temerarios de clanes familiares y por cuestionadas decisiones políticas sustentan el anterior planteamiento, que además ha sido noticia de primera plana en los principales diarios del país.

Llamo nepotismo socio-erótico a la tendencia a establecer favoritismos a la hora de nombramiento de docentes, y otros cargos de representación, a partir de la identidad sexual o apetencia erótica, ya sea heterosexual, homosexual, bisexual, transexual, feminista, machista etc. Ceo que estos determinismos opacan el mundo académico, cuando la pregunta no es sobre lo que sabes, sino sobre lo que sientes y haces con tu cuerpo, o sobre tus ideas como ser político.

Para profundizar en la atrevida percepción que he planteado anteriormente, lo haré dirigiendo una mirada a acciones humanas que en nuestra sociedad tiene diversas formas de interpretación: lo público, lo privado y lo íntimo, a partir del texto: “La condición humana” de Hannah Arendt, en su capítulo segundo. Insisto, que ésta es una ojeada ilustrativa que busca motivar debate en ámbitos filosóficos, jurídicos, sociológicos, académicos y políticos, hoy carcomidos por miradas sesgadas fruto del declive del pensamiento y de la esencia histórica de la Universidad.

Ya no es la integridad intelectual ni el mérito y la dignidad las cualidades que se requieren para ocupar espacios académicos universitarios; combos y grupos de interés que se identifican por sus formas privadas e íntimas de vida se apoltronaron en escenarios académicos, nepotismos de toda índole se apertrecharon para encasillar el pensamiento. En otras palaras, las más mínimas formas éticas en el ejercicio del poder fueron reemplazadas por miradas mezquinas que van desde las coincidencias en afinidades sexuales, hasta las preferencias por quienes profesan similares inclinaciones políticas.

Lo más grave de esto es que se actúa en el medio académico de manera tan desabrochada y sin autocritica que, en las aulas de clase se veta la lectura de pensadores que han hecho historia. Estanislao Zuleta, intelectual colombiano que nos indicó caminos para entender a los principales filósofos, es mirado de reojo por los posmodernos pedagogos que parten de sus afinidades intimas para sustentar sus posturas académicas.

Los estudiantes padecen en las aulas de clase la emocionalidad de muchos docentes y no el rigor de su talante intelectual. Cada área es evaluada no a partir de argumentos y debates sino de formatos o de preguntas de selección múltiple sin ningún sentido. Una desazón se apodera de los anhelos juveniles, y de ello ni los órganos de control, ni las rectorías se informan, porque están muy ocupados llenando los formatos para presentar al Ministerio de Educación Nacional los estándares cumplidos desde la excelencia.

Las Ciencias Sociales que debieran estar en el primer plano en estos momentos de incertidumbre social, fueron tomadas por asalto por pintorescos personajes mascachicle que detestan las ideas de Marx, de Habermas, de Morín entre otros. Los profesores que hacían de la academia espacios de debate fueron excluidos y reemplazados por dictadores de clase aburguesados; el estudiante que se atreve a preguntar por pensadores excluidos, o que reclama por la ausencia de rigor filosófico, es silenciado o acosado de tal manera que no ve otro camino que el abandono de la carrera. Se ha perdido el goce por el discurso público dotado de rigor intelectual, porque los docentes que lo sustentaron fueron excluidos por atreverse a enseñar a pensar. La universidad pasó de ser un escenario de controversia a ser una mole de cemento cuyos habitantes se silenciaron en aras de un nuevo orden que exige la sumisión y la quietud

El discurso académico y la contextura intelectual elementos de la vida pública del docente en la universidad se suplantaron por la calidad de ser parte de la manada. Las cofradías y líderes de los nepotismos: Socio-eróticos, políticos, de casta y demás, desde alfombradas oficinas deciden lo que se hace y se dice en la vida universitaria. Los jóvenes que llegan henchidos de alegría a la Educación Superior, muy pronto se dan cuenta de que lo único que cuenta es estudiar las lecciones para responder textualmente a sus docentes, porque según ellos así es como se hace un “buen profesional que le servirá al país”. Nada de preguntas, solo respuestas.

A los órganos de gobierno universitario llegan personas que vigilan sus intereses personales; lo intelectual, lo académico, lo pedagógico, lo didáctico, son temas de poco interés para estas instancias; muchos de los elegidos en estos cargos, llegan a ellos con cuestionados mantos de legalidad, pero con sobredosis de ilegitimidad. Estas desafortunadas formas del manejo del contexto académico universitario, van llenando de pesimismo el horizonte de la Universidad, y por ello se van volviendo formidables moles de cemento con enormes aulas de clase y bonitos mobiliarios pero ausentes de humanidad.

Posiblemente este texto sea mirado como fatalista, o sobrecargado de emocionalidad y resentimiento por acciones vividas en el mundo universitario. Escribo para no dejar las cosas tal cual, y lo hago por el proyecto de vida que construí en la Universidad, cruzando siempre semáforos en rojo desde el pensar, y sin renunciar jamás a mi integridad intelectual. Pude haber elegido el camino del silencio y la sumisión para alcanzar peldaños burocráticos y ostentar cargos de poder. Sin embargo, recluido a mínimos espacios voy culminando una etapa de la vida en los pasillos de la Universidad, con la plena convicción de haber sido un defensor de la libertad de pensamiento y de controversia en cada espacio educativo en donde he podido dejar constancia de mi vida pública como librepensador.

Este escrito, es ante todo un llamado para que la esencia intelectual, académica y social de la universidad, retome su rumbo y su razón de ser en relación con la construcción de sociedad. Es necesario ser conscientes de los límites que deben tener nuestras formas de vida íntima y privada en el manejo de lo público, y los peligros del autoengaño por nuestros excesos. No puede ser el argumento del: “poder para poder” lo que se imponga en el ámbito académico. Es necesario saber que, el hombre público está expuesto al escrutinio público. Sobrevalorar las capacidades a partir de efímeros cargos de poder opaca el accionar público, y en la Universidad el daño es mayor, por la esencia misma de esta frente a la sociedad.

“Conocer nuestras capacidades físicas, psicológicas e intelectuales incluye conocer nuestros límites. La ignorancia, o mucho peor, el autoengaño sobre nuestras capacidades puede ser muy peligrosas. Necesitamos mantener una evaluación actualizada de los que podemos hacer” (PIGLIUCCI, 2018)

Los humanos somos seres de acción, por ello nuestra realización sólo es posible en el seno de la sociedad. ¿Qué es lo que hacemos para mantener nuestra vida en los tres mundos posibles: público privado e íntimo, sin trasgredir desde nuestras acciones de nepotismo a aquellos con quienes actuamos? Sin lugar a dudas todos aquellos que llegan a escenarios de poder deben tener unos mínimos éticos en su ejercicio y en el caso de la Universidad con mayor razón, para que sea la inteligencia la dinamizadora del transcurrir intelectual en ella. Antes de la pandemia a nivel mundial había un resurgir de idearios universitarios. Los gobiernos aprovechando las amenazas por el coronavirus idearon formas prácticas y simbólicas para distanciar y silenciar la protesta social.

De los excesos en el manejo del poder nadie está libre, pero vale la pena el atrevernos a dirigir la mirada a nuestro transcurrir en escenarios de poder desde la autocrítica, única forma posible de rescatar el ámbito universitario de las cofradías y nepotismos de toda índole, partiendo del reconocimiento a las capacidades intelectuales de quienes llegan al ámbito académico. Hoja de vida, mérito y dignidad para poder hablar de meritocracia. Todas las actividades humanas exitosas se logran cuando estamos juntos, y las acciones son esencia humana, que dependen de la presencia de los demás, pero es necesario atrevernos a hacer las cosas de otra manera para que el proyecto humano que se construye en la Universidad tenga siempre como horizonte la construcción de sociedad.

“Todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que los hombres viven juntos, si bien es sólo la acción lo que no cabe ni siquiera imaginarse fuera de la sociedad de los hombres. La actividad de la labor no requiere la presencia de otro, aunque un ser laborando en completa soledad no sería humano, sino un animal laborans en el sentido más literal de la palabra. El hombre que trabajara, fabricara y construyera un mundo habitado únicamente por él seguiría siendo un fabricador, aunque no homo faber; habría perdido su específica cualidad humana y más bien sería un dios, ciertamente no el Creador, pero sí un demiurgo divino tal como Platón lo describe en uno de sus mitos. Sólo la acción es prerrogativa exclusiva del hombre; ni una bestia ni un dios son capaces de ella, y sólo ésta depende por entero de la constante presencia de los demás.”. (ARENDT, La esfera pùlica y privada., 1993)

Siempre he considerado que las apetencias sexuales corresponden a la esfera íntima de la persona, lo que es respetable desde todo punto de vista. Lo que no es adecuado es tratar de imponer a los demás la esfera íntima que cada quien vive. Pero en sociedades intolerantes como la nuestra, se corren peligros cuando se confunden las esferas en las que se mueve nuestra vida, ya que somos herederos de un moralismo exacerbado que nos hace ver y sentir nuestro cuerpo y lo que con él hacemos como algo pecaminoso y condenable. Para muestra un caso, hace dos años en Medellín, con el folclórico militante del Centro Democrático, paisa de puñal, machete y pistola, manifestó su desprecio por el movimiento de reivindicación politica LGBT: Lesbianas, Gay, Bisexuales y Transgénero, al destrozar su bandera arco iris que estaba ondeando en el pueblito paisa. El susodicho agresor dijo ser un patriota defensor de los machos de verdad.

En espacios educativos donde me he desempeñado como docente en el área de filosofía, percibí este sentimiento homofóbico de estudiantes. Recuerdo un caso en particular de un joven apuesto, tatuado, roquero, levantador de pesas que agredía a los jóvenes que èl arbitrariamente consideraba amanerados e la Institución Educativa. El día que presencié una de sus agresiones le dije: “violentas a los muchachos que se muestran tal como son porque en tu interior habita un marica, con miedo de manifestarse. Anímate a salir del closet y reconcíliate contigo mismo, o aprende a respetar los gustos y apetencias de cada quien”. El joven agresor me respondió muy molesto pero con respeto, que yo estaba equivocado. Lo cierto fue que jamás volvió a agredir a nadie en el espacio educativo. Lo expuesto, sustenta mi posición de respeto a las preferencias sexuales de cada quien, sin que ello necesariamente conduzca a nepotismos socio-eróticos en los que se ha venido atomizando la sociedad, y más grave aún el mundo universitario. La Universidad ha de vestirse de los colores del ser humano con la maravillosa diversidad que le distingue, pero ha de estar atenta cuando las cofradías de cualquier tendencia la toman por asalto y se apropian de su esencia libre para fines de grupo.

Toda persona tiene tres tipos de actuaciones: públicas, privadas e íntimas. La distinción entre unas y otras no es tan sencilla como se ha creído, y por tal motivo con frecuencia se traspasan, por parte de los demás, de buena o de mala fe, los límites entre cada una de ellas. Se puede afirmar que lo único de cada uno de nosotros que pertenece a los demás son nuestras actuaciones públicas, porque son hechas en público y para el público. Son nuestras y del otro que nos rodea. Las actuaciones privadas e íntimas nos pertenecen; quienquiera que intente penetrar en ellas sin permiso nos atropella y, si estamos en un Estado de derecho, incluso puede llegar a ser un delito. Lo anterior aplica para el paisa que rasgó a mordiscos y puñal la bandera arco iris del movimiento LGBT como para el joven agresor del colegio con los chicos gay.

Lo que existe son los espacios que, a modo de escenarios, el hombre o la mujer usan en la representación que constituyen sus actuaciones. Las actuaciones, pues, son públicas, privadas o íntimas, no en sí mismas, sino según el espacio en que se desenvuelven. Hay actuaciones que, al parecer, son necesariamente públicas, por ejemplo: dar una conferencia, pero ésta, es el final de un proceso que incluyó además la preparación, el ejercicio de escritura y hasta simulacros hablando frente a un espejo, frente a un auditorio imaginario, para este casos estas actuaciones previas fueron privadas.

Nuestra vida es dinámica, y quienes habitamos largo tiempo en el mundo universitario, lugar en el que se manifiestan todas las ambiciones de poder, tenemos mayor compromiso con la capacidad de autocrítica para advertir los momentos en que las esferas de nuestra vida caen en excesos y nepotismos. La posmodernidad abrió abanicos frente a la sexualidad y la politica, por ello debemos estar más atentos a nuestros excesos de poder. La vida mirada con la única opción de la heterosexualidad que transcurrió hasta bien avanzado el Siglo XX, ha sido reevaluada por nuevas visiones del acontecer humano y por nuevas formas de vivir la sexualidad. Tanto el machismo como el feminismo con sus excesos pueden convertirse en fundamentalismos que trasgreden las esferas de la vida en las que se desenvuelve el ser humano. Se trata hoy de hacer lectura a la vida desde nuevas teorías que van desde la Inclusión, la diversidad y la mirada compleja a los comportamientos y firmas de ser, de sentir y de actuar del ser humano.

Largo tiempo ha vivido nuestra sociedad sumida en las dicotomías: odio- amor, amigoenemigo; para el caso de colombiana es algo patológico, que se ha incubado y alimentado desde los medios de comunicación y se replica con ahínco en los discursos de los políticos que gobiernan el país. Aunque el odio corresponde a la esfera de la intimidad, ha traspasado los umbrales de lo privado y lo público, a tal punto que podría decirse que se ha institucionalizado para tornarse cultural. Los debates políticos suscitados por el traspié del patrón del ubérrimo son la muestra de que poco nos falta para declararnos como una sociedad en cuarentena por la enfermedad del odio. Cando el odio se manifiesta en la esfera pública, o sea que se hace visible, agrediendo al sujeto odiado, deja de ser algo íntimo. Los casos expuestos al principio del ciudadano mero macho que destruyó la bandera arco iris en el pueblito paisa y del joven agresor a los chicos gay del colegio, aplican perfectamente en la anterior argumentación. Hay una peligrosa tendencia a que todas las acciones humanas, las formas de ser de actuar y de pensar desemboquen en el caudaloso río del odio.

Los nepotismos socio-eróticos y cofradías de toda tendencia que han tomado asiento en las diferentes esferas de la sociedad incluida la Universidad, terminan en barricadas de odio y exclusión. Las acciones comunicativas y la argumentación principios básicos de todo debate racional, fueron reemplazadas por las acciones, estrategias y las conspiraciones hasta llegar a la confrontación en las líneas: “amigo-enemigo”. La opción del contradictor valido desapareció para quedar todo en “si estás conmigo eres mi amigo, si no lo estás, eres mi enemigo”.

En este sentido, lo privado y lo íntimo han de preservarse desde la convicción misma del sujeto, para que en un momento dado cuando sean vulneradas pueda hablarse de trasgresión. La indiscreción se da cuando se lleva a lo público algo que se ha sustentado como privado o íntimo, ejercicio en la que tiene libre albedrío el sujeto. Pero el sujeto que hizo públicos sus comportamientos, asume la responsabilidad cuando alguien por fuera de él haga una manifestación indiscreta de sus acciones. Bastaría con ver la alharaca que se ha hecho por la detención domiciliaria del Expresidente Uribe; queda imposible sostener que por haber sido gobernante, y ser hoy senador, no pueda caber dentro del escrutinio público y ser enjuiciado conforme a la Constitución y las leyes.

Las actuaciones públicas y privadas son observables, visibles, oíbles; las actuaciones íntimas pueden llegar a serlo. La decisión la toma el sujeto; las intimas no pueden observarse, y sólo se les puede deducir a través de lo que el sujeto dice o hace. Toda persona, en efecto, en tanto entidad social, es sujeto público, es: estudiante, profesor, transeúnte de la calle, etc. en cualquiera de estos casos se puede hablar o escribir en torno a él; solo se requiere que se encuentre en él una importancia particular. Aunque hoy hasta las fotografías tienen restricciones de orden jurídico, pero también existen normas que las regulan en el caso de investigaciones judiciales. La palabra “público” significa que todo lo que aparece en público puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene la más amplia publicidad posible. La modernidad ha visto convertirse en público a lo subjetivo, como el amor. Al respecto, Arendt nos ilustra:

“público” significa el propio mundo, en cuanto es común a todos nosotros. La esfera pública, al igual que el mundo en común, nos junta y no obstante impide que caigamos uno sobre otro, por decirlo así. (ARENDT, La esfera pùlica y privada., 1993)

Desde esta perspectiva, considero riesgoso el confundir estas esferas en el desarrollo de nuestra propia vida. Es más complejo aún todo lo relacionado con nuestras acciones públicas, privadas e íntimas si esto se lleva al ámbito de desempeño en el mundo académico universitario, sobre todo cuando se matizan con el ingrediente de la inclinación sexual. el Rector, el Vicerrector, el Decano, y el Profesor desde su cargo y representación en la esfera pública, son lo que su rango les asigna.

 Si se llegara a salpicar cada campo de desempeño con las preferencias sexuales o nepotismo socio-erótico se daría un desvió a la esencia misma del cargo y se entraría a confundir lo público con lo privado y lo íntimo.

Por ello, considero de gran importancia la autocrítica permanente de aquellos que llegan a auditorios de poder con una solvente hoja de vida Académica y que les permite además asumirse como Profesor, Decano o cualquier cargo de representación, porque es el argumento claro de su vida pública. Las relaciones académicas se opacan cuando se abandona la discreción y se permite que se perciba en las acciones las preferencias sexuales más que su argumento intelectual plasmado en solvente hoja de vida. Cuando esto sucede, se pierde la razón de ser de la Universidad en su tarea máxima de construcción de sociedad desde el conocimiento. Las cofradías y nepotismos socioeróticos, políticos y demás son comportamientos que se alimentan desde las altas esferas del estado, por ello no es extraño que se manifiesten como algo normal en todos los espacios de la sociedad, incluida la Universidad. Pero es a esta última a quien le corresponde develar estos vicios y movilizar el debate para establecer los correctivos.

El espacio privado lo define el propio sujeto, que debe adoptar los dispositivos que hagan inobservable cualquiera actuación que él pretenda contener dentro de los límites de lo privado. Lo privado se caracteriza, pues, por su observabilldad, pero también por la simultánea protección ante la posibilidad de que lo sea. Lo que habitualmente hacemos público podemos hacerlo privado. Por ejemplo nos podemos casar en privado, en la casa a puerta cerrada, o invitar a unos amigos a una reunión privada en un lugar especial. Una mesa en un bar está ubicada en un establecimiento público, pero quienes están en la mesa comparten un espacio privado. Hay unos niveles de movilidad en cuanto a los espacios privados y lo que hacemos en privado. Pero en cada uno de los espacios en los que vivimos y frecuentamos se puede llegar a fundamentalismos.

“Vivir una vida privada por completo significa por encima de todo estar privado de cosas esenciales a una verdadera vida humana: estar privado de la realidad que proviene de ser visto y oído por los demás, estar privado de una “objetiva” relación con los otros que proviene de hallarse relacionado y separado de ellos a través del intermediario de un mundo común de cosas, estar privado de realizar algo más permanente que la propia vida” (ARENDT, La Condiciòn Humana, 1993)

Las actuaciones íntimas que se relacionan con: imaginar, fantasear, idear, gustar, envidiar, amar son internas del sujeto y no cumplen con el rango de las públicas y privadas, además no son percibidas por el público y por nadie por fuera del sujeto. Nada acerca de lo íntimo es comprobable.

La intimidad puede inferirse a través de lo que digo o hago, pero jamás se tiene acceso directo a ella por su intrínseca inobservabilidad. Por eso, la confidencialidad, entre sujetos, acerca de su intimidad, se basa ante todo en el principio de confianza o en el pacto de sinceridad que se tiene con alguien.

O en este campo, quizá por los mismos moralismos de nuestra sociedad, es posible que lleve a que los sujetos con particularidades en su vida íntima se sientan excluidos, y para evadir esos cercos sociales pueden llegar en un momento dado a ser parte de cofradías y nepotismos. De ser excluidos, pasan a ser excluyentes y actúan de tal manera que su mayor interés es fortalecer la coraza que les blinda. Muy notorio es este aspecto en el mundo universitario, cuando llegan a cargos de representación ya sea decanaturas, jefaturas de departamento o a liderar grupos de investigación, al caer en el extremo del nepotismo socio- erótico. Muy pronto se percibe el monopolio del poder a partir de la identidad sexual, y por lo general ellos mismos son los que eligen y clasifican hojas de vida poniendo el mayor interés en las coincidencias en la forma de vivir lo íntimo y no en la esencia publica del trabajo intelectual.

El discurso y la práctica inclusiva de nuestro tiempo han permitido cambios fundamentales en las relaciones sociales en este mundo de la vida. Las complejidades que se daban en el ámbito de la sexualidad cuando se era diferente en cuanto a la forma heterosexual de ser, de sentir y de actuar en países desarrollados hace rato se superaron, y en sociedades premodernas como la nuestra se vienen dando algunos pasos. La arremetida de las iglesias evangélicas hacia el Congreso y de políticos ultraconservadores inscritos en el Opus Dei, amenaza rasgos de liberalismo que se plasmaron en la Constitución de 1991.

El horizonte no está despejado, y corresponde a la sociedad ilustrada hacer pedagogía en cada espacio para que los discursos excluyentes no se revivan. De la propensión a confundir las apetencias propias de la intimidad humana, con nepotismos socio-eróticos de todas las tendencias, además de nepotismos políticos en las diferentes esferas de la vida pública nadie puede declararse libre, pero en la construcción de espacios académicos e intelectuales debemos ser siempre vigilantes y dispuestos a la autocrítica.

El poeta inglés Masefield así lo expresó: “Hay pocas cosas terrenas más hermosas que una universidad: un lugar donde los que odian la ignorancia pueden luchar por el conocimiento, y donde quienes perciben la verdad pueden luchar para que otros la vean John Edward Masefield. Poeta inglés (1878 – 1967

La vida cotidiana en Colombia es un laboratorio para argumentar lo que se viene sosteniendo. Cada quien desde su esfera de intimidad puede construir el concepto de felicidad que cabe en su vida, pero ello no es argumento para determinar que todos los que estén cerca deban compartirlo. Las razones: históricas, filosóficas, intelectuales y académicas de la Universidad son la guía para no caer en equivocaciones. En la Universidad soltamos las amarras de nuestra vida pública para dejar constancia de nuestra formación construyendo sociedad. La Universidad condicionada y plana es aquella cruzada por miradas sesgadas de quienes se apropian de ella a partir de los dogmas de su vida íntima, a tal punto que laceran su esencia. Cerrar el paso a nepotismos socio-eróticos de toda tendencia y cofradías en la vida universitaria sería el camino para que la Universidad rescate su esencia pública a partir del debate público y del respeto por su esencia para construir sociedad a partir de las virtudes intelectuales

ARENDT, H. (1993). La Condiciòn Humana . La esfera pùlica y privada. Mexico: paidos 1993.

ARENDT, H. (1993). La Condiciòn Humana. mexico: Paidos .

PIGLIUCCI, M. (2018). Còmo ser un estoico . españa: ariel .

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