El Galaxy S22 Ultra no fue un lanzamiento cualquiera; en su momento, fue la decisión de Samsung de patear el tablero por completo. Le dijeron un adiós definitivo al queridísimo Galaxy Note para pasarle la antorcha, el diseño y el icónico S-Pen a un modelo Ultra que dejó a sus hermanos menores (los de bordes redondeados S22 y S22+) viéndose como si fueran de otra familia. Si uno quería tener entre las manos el mejor fierro de la marca coreana, tocaba olvidarse de las estéticas del pasado y abrazar este nuevo formato.
Pero obvio, un celular de esta gama no vive solo de pura pinta. Ese S22 Ultra llegó pisando durísimo y fue un verdadero golpe de autoridad a nivel de hardware. Estamos hablando de un equipo que, para la fecha, alardeaba de tener la pantalla más luminosa que se podía conseguir, impulsado por un procesador Exynos que trabajaba en llave con una GPU de AMD, y unos sensores de cámara que chupaban luz como locos y hacían magia que a veces ni siquiera se reflejaba del todo en la hoja de especificaciones. Fue el candidato absoluto a rey de la gama alta en 2022.
El prontuario técnico de una bestia
Para no perder la costumbre y dejar los datos claros, vale la pena recordar la hoja de vida de ese aparato que sentó las bases de lo que hoy vemos en la marca:
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Pantalla: Un panel AMOLED de 6,8 pulgadas con resolución QHD+ (3.080 x 1.440). Se adapta inteligentemente desde 1 hasta 120Hz para ahorrar batería, pero si usted se pone a jugar, el refresco táctil vuela a los 240Hz. Un contraste absurdo de 3.000.000:1, brillo pico de 1.750 nits, cobertura 100% del DCI-P3 y un agujero en pantalla bajo el escudo de un Gorilla Glass Victus.
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Las entrañas: El motor es un Exynos 2200 corriendo a 2,8GHz acompañado de la GPU de AMD. Las opciones para comprarlo iban desde los 8GB de RAM con 128GB de almacenamiento, hasta las más robustas de 12GB de RAM equipadas con 256GB, 512GB o la locura de 1TB.
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Las cámaras: El lente principal es un monstruo de 108 megapíxeles (f/1.8 con estabilización OIS). Lo escoltan un gran angular de 12 megapíxeles (f/2.2, 120º, 13mm) y dos teleobjetivos de 10 megapíxeles (uno de 3X a 69mm y otro de 10X a 230mm, ambos con OIS). Para las selfies, un sensor frontal de 40 megapíxeles (f/2.2, 25mm).
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Batería y extras: 5.000 mAh de pura energía con carga rápida de 45W y carga inalámbrica de 15W. Nació corriendo Android 12 bajo One UI 4.1. Conectividad para tirar para el techo: 5G (Dual Nano + eSIM), WiFi 6E, Bluetooth 5.2, GPS, NFC, UWB y puerto USB tipo C 3.2. Todo esto empacado en un bloque con resistencia IP68 que mide 163,3 x 77,9 x 8,9 milímetros y pesa 227 gramos. Y claro, compatibilidad con Samsung DeX y el S-Pen integrado con apenas 2,8 ms de latencia.
El salto al presente: lo que se viene con el S26 FE
Con ese historial encima, uno siempre se queda con la duda de cómo Samsung va a seguir democratizando todo ese músculo tecnológico. Aunque todos estamos a la espera del gran evento de la marca en julio, por ahí nos acaban de soltar un dato clave sobre un equipo que a muchos de pronto se les había pasado por debajo del radar: el Galaxy S26 FE.
La línea “Fan Edition” siempre ha sido la salvación para tener tecnología de punta sin tener que empeñar un riñón, y los de 9to5Google, que siempre andan en la jugada, pillaron un registro de este nuevo modelo en la base de datos del Wireless Power Consortium. Lo más interesante del chisme es que este celular de menor precio llega con un cambio evidente en el módulo de la cámara respecto al S26 tradicional que salió a principios de año.
Eso sí, toca coger el término “menor precio” con pinzas. Con todo este tema del RAMageddon (la escasez y los precios por las nubes de la memoria RAM a nivel global), pensar en un celular verdaderamente barato es relativo. Lo cierto es que en ese registro de certificación se alcanzó a colar una foto que mostraba claramente cómo va a lucir el equipo. Como era de esperarse, bajaron la imagen rapidito de la página oficial, pero en internet nada desaparece y la foto sigue rodando por redes sociales para los curiosos.
A la larga, este cruce de caminos entre el músculo exagerado que nos dejó el S22 Ultra y los ajustes estratégicos que vemos ahora en las filtraciones del S26 FE nos pinta un panorama muy claro. Samsung sigue moviendo sus fichas todo el tiempo, testeando qué tanto hardware aguanta el usuario y cómo empaquetarlo para que no nos asuste el precio al final del año. Habrá que estar muy pilos a los próximos meses para ver qué tantas sorpresas terminan confirmándose.
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